Como afortunadamente aún hay pueblos en los que podemos vivir con la puerta abierta, hoy una voz masculina entraba en casa sin previo aviso diciendo “mamá”. Es mi amigo Vélez, que es tan peligroso como mi hijo y últimamente tiene la costumbre de irrumpir en casa gritando “mamá”, no sé si quiere que lo adopte o simplemente asustarme. Me alegro de su visita, pero por más que insista ¡no pienso adoptarlo!.
Como buen amigo y compañero de algunos viajes, conoce mi entusiasmo por vivir un poco algunos países, el tipo de viaje que me gusta y lo flipada que estoy con La India desde que la visité en el 92.
Viene con su regalo de Reyes, “Era medianoche en Bhopal”, un libro de Dominique Lapierre y Javier Moro basado en la catástrofe industrial ocurrida en una ciudad india en 1984. Con la que está cayendo no sé cuando tendré tiempo y tranquilidad para leerlo. Por hoy solo he podido leer su primera página -antes incluso del prólogo- y encontrarme reflexionando sobre la frase que abre paso a la historia:
“El hombre y su seguridad deben constituir la preocupación fundamental de toda aventura tecnológica. No olvideis nunca esto cuando estéis metidos de lleno en vuestros planos y en vuestras ecuaciones”.
Albert Einstein.
Este sabio, al que solo conocía por lo que nos suena a casi todos (teoría de la relatividad, física cuántica, gravitación, energía…) resulta que me hace pensar en algo más humano que la pura y dura ciencia. Me sorprende que, por encima de sus teorías y descubrimientos científicos, recomiende anteponer la seguridad humana a cualquier avance tecnológico.
Y de pronto recapacito y me recuerdo que “el sabio era él y no yo”. No esperaba esto de un científico de tal categoría por presuponer (ingenua e inconscientemente) que su única preocupación era la ciencia. ¿Cómo he podido imaginar siquiera que una mente tan privilegiada se olvidara de los aspectos más humanos?, ¿no se supone que la ciencia debe avanzar para favorecer a nuestra especie?.
Evidentemente muchos “listillos” que hemos venido detrás de él, nos aprovechamos de sus ecuaciones… pero en nuestra prepotencia nos olvidamos de sus recomendaciones más importantes… Perdón, no creo que nos olvidemos, sino que anteponemos intereses económicos y mostramos el mayor desprecio hacia la especie humana y hacia nuestro imprescindible medio ambiente.
Eso sí, procurando colocar nuestros inseguros “inventitos” a las sociedades más desfavorecidas, y además si podemos disfrazándolos de proyectos de colaboración y solidaridad.
Y, “aprovechando la coyuntura”, entro en google y encuentro un montón de frases del sabio-maestro que me obligan a leer en cuanto pueda su biografía. Por el momento ahí os dejo otra frase suya:
Hay dos cosas infinitas: El Universo y la estupidez humana.Y del Universo no estoy seguro.



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